lunes, 27 de abril de 2009

Arcada:




(La noche como geografía inacabada)


Fotografías: Felipe Smides
www.flickr.com/photos/felipesmides
Concepción, Chile, abril 2009.

Entre la somatización vital y la fragilidad del concepto


La palpitación de los conceptos y su depósito en la geografía comunicativa de los cuerpos; territorios políticos de conflicto, dominación y roce.

Engranar requiere no sólo una convención mutua, sino también una empería desarrollada a partir de hechos conectados con el funcionamiento del cordis.

Recordar justamente hilvanando en la memoria grafemas y sucesos que subyugan la particularidad a un modo vibratorio, una complicidad rehecha a partir del diálogo, pero también de un silencio a ratos engañoso y equívoco. Ahí radica la clave de su (hermoso) salvajismo.

La excusa para el fracaso estará entonces amoldada en los patrones subjetivos con que cada uno percibe la realidad, o la fragmentación que de ella realiza; pues aún con mucho esfuerzo no lograríamos aunar lo que cada concepto remite en la psiquis en tanto pluralismo diurno y onírico.

El advenimiento de la comunicación digital frente a la ruptura del modo comunicativo ordinario, nos plantea una nueva personalidad aparejada al analfabetismo, la dependencia y castración del encuentro físico que hasta ahora considerábamos “normal”.

La desterritorialización, la aparente superación de las fronteras físicas y la especulación respecto a esta red imponen una nueva limitante orientada a las formas de concebir un lugar donde cifrar nuestras esperanzas.

Si en un comienzo, la manifestación semántica tuvo su apogeo sobre muros de piedra, su mutación dio origen a la necesidad de una oralidad transmitida de generación en generación; estableciendo los límites de lo masculino y lo femenino como un espacio de diferencia entre lo público y lo privado.

Hoy en día, bajo el yugo de un sistema económico, el legado parece nacer de la descomposición del cuerpo en tanto máquina, instrumento de ensamble, pieza comunicante cuyo feedback se establece respecto al funcionamiento de las ideologías hegemónicas. Bajo estos parámetros, y citando a Foucault, cualquier enfermedad o negación será interpretada como un elemento patógeno que no sólo coarta el normal desplazamiento de la información, sino que aliena a sus manifestantes, negándoles el papel “enriquecedor” dentro del proceso productivo. Aquéllo, junto al mestizaje avalado por la simultaneidad de imágenes/rechazos/pactos/estrofas, nos encaminará hacia una conciencia del futuro en tanto respuesta a un presente fallido.

Las aspiraciones del pasado se yerguen como superación de toda traba posterior. En este punto, los conceptos “fracaso”, “atraso”, “lentitud” son mermados por la rapidez con que los hombres/máquinas sucumben a los requerimientos del progreso. Todo es instantáneo, todo genera un movimiento centrífugo que atrapa, cautiva, genera ecos y repercusiones a nivel macro del comportamiento global.

El secreto de las formas queda supeditado a un análisis superficial. La afirmación del ser en tanto intemperie y silencio representará una nueva mirada tendiente a humanizar los procesos histórico/demográficos. Mientras no seamos capaces de ejercer la libertad en tanto definición personal, difícilmente dirigiremos la mirada más allá de un respaldo social paternalista y represivo.

La mediatización de estos conceptos legitimados por los poderes de facto ha suplido la carencia de una denominación propia en tanto humanos temerosos de rechazo. Existe una vulnerabilidad de la atmósfera que los cuerpos niegan, incrementando sus niveles de productividad y exigencia.

Por iluso que parezca, el tema de la generosidad atrae cofradías dispuestas a erigirse dentro de soportes artísticos que contribuyan a la valoración del pasado y el mantenimiento de una tradición cuyos referentes todavía portan la voz de otra colectividad. Lo creativo faculta entonces al estremecimiento de un pulmón contrario a las fabricaciones en serie. Esta latencia y el silencio de un cuerpo bifurcado han sido el arma con que la disidencia nos cautiva, contándonos al oído que todo lienzo, que toda página en blanco se alza como una nueva posibilidad.

El imperialismo, el deseo por blanquearnos, la ausencia del padre, la negación de la madre y la amnesia respecto a un origen que avergüenza, se manifiestan como características aprovechadas por el poder para instaurar sus medios de persuasión. En ese sentido, los Mass Media disparan sus dardos instalando nociones sobre exitismo, “cultura” y belleza que difícilmente lograrán reconciliar los polos. Es la masa adormecida que obedece conforme los mandatos del establishment.

Dando cabida al gesto, a la manifestación poética cotidiana y al reencuentro con la infancia después de todos sus exilios, estaremos en condiciones de afirmar y negar todo cuando hemos plasmado en un sitial absoluto. La musicalidad de los procesos vitales está regida por la posibilidad de un encuentro múltiple, en donde la comunicación lineal cede paso a una interacción donde los miembros no sólo se nutren a sí mismos, sino que indagan en las cicatrices, las fronteras, las humedades del otro, como si lo descubrieran por primera y última vez.


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www.ysinembargo.com/uebi/2008/11/25/entre-la-somatizacion-vital-y-la-fragilidad-del-concepto-carolina-vega-ramirez-yse-18


* Texto publicado en Y sin embargo Magazine #18.
Agradezco especialmente a Fernando Prats por haberme invitado a formar parte de ese número.

8 AM


Después de morirnos de frío
cruzamos nuestros cuerpos
como heráldicas
templadas.

III

el centro
de un poema
es otro poema
el centro del centro
es la ausencia


en el centro de la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema.


(Alejandra Pizarnik)

Envoltorio de un futuro texto

- Eslovenia
- Dragón ciego
- Olm
- El pez humano
- Balbasor

(Hay un arroyo que cuando se lo toca con un pedacito de madera, lanza dragones bebés)

Itinerario






Dime un secreto bajito;
sentado en la orilla
de un gato.

Aura













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Saber que la tierra
es sólo una excusa
con que tiernamente
sellamos tus párpados.

Fabulario:


Alegrías dispensadas gota a gota

Vate:

Poeta, especialmente el ya consagrado o ilustre.
Adivino, profeta, augur.


(Una escala
al cuerpo de toda palabra
jadeante
rimada
y bestial)

Cuando vuelvo de caminar por el mundo, te encuentro tendido en el pasto. Tu cuerpo es suave y meto la cara en las nubes al tocarte la espalda. Lloro entonces porque siento el amor pleno, así, sin sombrero. Un amor lleno de nidos. Me conviertes en diosa bella. Me reúno con todos en ti y en todos me encuentro. Tú, pequeño lucero, me abres el cielo en la tierra. ¿Cómo no dar las gracias todos los días?


Malucha Pinto. Cartas para Tomás.

Confiar en el destello de las hadas


Pi

La Teoría del Caos
tomó cuerpo
como apología
del movimiento
de tu pelo.

Flema

Las formas redondas que sugieren;
las angulosas asustan un poco.

Es un juego, ¿no?

Un coqueteo
Un vocabulario
Un deseo.

Desparpajo



Todos los perros del mundo
piden cariño
de la misma forma.



Sustancias informes

Yo los sentía dudar
como si de pronto
nos fisuraran los párpados.

Venían de noche
Caminaban de día

A veces nos mordían los pies
marcándonos los tobillos
con sus eslabones.

Las calles chorreaban
Las calles se convertían
en interminables fosas de sal.

Nos lamían las piernas

Nosotros los mirábamos como si algo,
pero nunca.

Difícilmente sucedía algo allí
o tal vez pasaba,
pero ya estábamos acostumbrados.

Era como si la fiebre
se hubiese apoderado de nuestras falanges
y ahora el circuito les pertenecía.

A nosotros nos bastaba
la lucidez de su pupila.

Nosotros los queríamos
entrando por los agujeros.

Un agujero es un ojo
Un agujero es aquella abertura
con que la vida nos infla la carótida
Un agujero es un puente de nacimiento
que lo masculino vulnera
y el feto rasga.

Ellos sabían.
Ellos podían olernos
a kilómetros de distancia.

Venían de espaldas
como si tuvieran que vivir.

Algunos nos marcaban
pedazos de N
y el resto chupaba el exceso de sangre.

Nadie decía que No
Llevábamos su N tatuada en el ombligo
Una N era moneda,
era agua,
era vagancia.

Una N era el placer
con que nos entregábamos
al puño.

Nos marcaban las encías
Nos mordían la cintura
Nos orinaban las axilas
Pero aún así
Antes de sonreír
los buscábamos entre los matorrales.

Ya avanzada la noche
aparecían bajo la cerradura.

Nosotros los señalábamos
con un gesto
y todos sabían.

Nadie huía
porque ferozmente
nos habíamos acostumbrado.

Nos gustaba imaginar
su multiplicidad cromática:
grises, negros, amarillos.

Pocos disimulaban sus manchas
quizás por morbo
quizás por hastío.

Yo diría que sentían vergüenza
y cerraban los ojos
al enfrentar la luz.

(Nosotros jamás los mirábamos de frente)

Ellas les rogaban
introducirse entre sus piernas
Ellos susurraban piedad
ofreciéndoles bandejas
con vísceras y semen.

Nosotros
permanecíamos quietos
afiebrados por el grito
de quien vislumbra la maleza.

Su marca era
una peste morada
enquistada insulsamente
en el comienzo del lagrimal.

Siempre que nos mordían la boca
nos estremecían
la catarsis del verbo
Y luego todo lo contrario:
Hablábamos como locos
Danzábamos en el frenesí
de nuestros genitales encubiertos.

El sonido nos cegaba
Todo pelo venía a alzarse
como una sustancia mareadora
en la punta de las vértebras.

Nos habían contado leyendas.
Habíamos crecido
con la facultad de predecir
y la N no era más
que un destino balsámico en la lengua.

Ellos nos decían
Ellos secreteaban en cuatro patas
y después nos olfateaban.

Quedaba para nosotros
un líquido precario.

Nos enredábamos en el instante
Bebíamos
Asentíamos con los párpados.

Nos rasguñaban los brazos
Nos tiraban el cabello.

Esperábamos ser
fecundados o rozados
por encima de la ingle.

Ellos nos labraban la piel
Se agitaban sobre nosotros
hirviendo en transpiración.

Nos repetían dialectos inadecuados
pero tan audibles
en el borde de la uña.

Y nosotros sonreíamos
como si aquél fuera el pacto
que desde siempre
quisimos oír.

Sonrojada en el vaivén de las sílabas



Caer
como tú
en la humedad
de este quisiera.


Fotografía y edición: Felipe Smides.

martes, 21 de abril de 2009

Ecuador Celeste


No sé por qué
decidí llamarte
poeta medieval.

Secreto









Si te escucho nombrarme
asoman bosquejos
(savia celeste)
para que bebas de mí
antelación o hecatombes.

lunes, 20 de abril de 2009

Tácito nocturno







Tú pones el cuerpo. Yo escribo encima.