Padre, no te rías de mi pobre corazón
martes, 28 de septiembre de 2010
Paria
El clandestinaje de mis marcas
La aceleración en la conquista de los cuerpos
Me tendieron una trampa hacia la indecencia.
Entonces el vello púbico me creció
como parte de tu lamento
y me dijiste que no valía la pena
llorar por la imposibilidad de lo heroico.
Yo me cosí todos tus nombres en los labios
y huí para no perderte
en esta frontera que se me difuminaba sobre los párpados.
Por eso ahora
mi boca está congelada.
Ya no sé de banderas ni escudos ni himnos nacionales
porque esto que me sucede en el cuerpo
surgió como preámbulo a tus iniciaciones macabras.
De tanto decirte
De tanto esconderme en la carne de tu rechazo
abrí la boca y expulsé el feto.
No era para ti ese colgajo de tripas
sino para los vándalos que acababan de apuñalarme.
Esos hijos tuyos bebieron de mí
todo lo que estaba dispuesto para tu mesa.
Por eso
aún en la víspera me atrevo a pedirte
que me dejes entrar
en la hebra puntiaguda
que te sobresale del nombre
y rogarte que me abras un espacio entre las piernas
encerrarme en tu cordillera
y escribir inmersa
en la arrogancia de tu imposible.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Oceanografía
Chuparte la piel
surcando la mitología perversa
que luego vuelco en estas páginas
para ver si de ese modo
mi saliva vuelve
a adherirte a mi matriz.
Leve
La marca de tu ceniza
y el símbolo cristalino de tu lubricación
me abren una fosa
en este humedal sacralizado.
Ectopia
La contracción de tu nombre
me resquebraja el útero.
Puedo morirme entera
con la certeza
de que en tus entrañas
jamás podré dar a luz.
Hierofanía
Dejarte madrugar por mis puentes de agua
Estuve plegando barquitos de papel
para jugar a arrugar la carne de tus orillas
Entonces me dejaste mirar
por ese ojo que se te abre entre las piernas
y conocí tu dominio de náufraga
Quizás por eso serás la única niña de mi vida.
Musgo
Tu claustrofobia
El ansia salada de tus pastos
Esos pedacitos de intransigencia nocturna
que te nacen de la boca
para llenarte los labios de ovillos verdes
me vuelven una molusca rosada
En mi tibior conjuro
una especie de célula
abstracta, resbalosa
que en su maravilla contiene
lo que está por suceder.
lunes, 6 de septiembre de 2010
...
Los perros
el chocolate
el hielo
las hebras
el té
el queer
la sangre
las agujas
(tu lengua)
la nieve
los textos
los realities.
todo es absolutamente hermoso y absurdo a la vez.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Fluvial
Que me abraces Que despertemos Que tu lengua Que mis dientes Que tu pelo Que mi cuello Que los aromas Que los hallazgos Que la abertura
(Pensé que estabas menstruando y encendí un fósforo para mecerte)
Que tu cosmos Que mi agujero Que las horas Que la tentación Que los hombres solos Que los anfibios Que el hambre Que las frutas Que las escaleras Que Frida Que los nombres Que los bordes Que la ingle Que el placebo Que los símbolos de fascinación astral.
Agradezco las formas en que la orfandad complementa tu mordida. Como una bestia de las noches laceradas. Después de la batalla vienes a coserme la virginidad. Yo no supe de este abismo pero las palabras me condujeron a tu orilla. Entonces mordí tu pezón y asomaron cuatro gotitas de leche. En ti se congregan todas las mujeres de mi biografía. Tu ropa se convirtió en una catástrofe bajo la cama. Yo accedí al verbo después de regalarte mi primera habla. Entonces me dijiste que carecías de sentido común y que tus acercamientos eran simples y salvajes.
El sí de las niñas
Mi niña me dice que sí. Que el apellido de su padre se le mete por el cuerpo y le pide que me roce como si me fuera a coser los párpados. La manía de recostarse sobre sí misma es una mala costumbre adquirida desde la ausencia. Yo no tengo nada más que un par de hipérboles mal dichos, y en eso su padre y yo coincidimos desde el día de su nacimiento. Ella me dice que el nombre es un malestar en la forma de azucarar los cuerpos y mis papilas se resienten ante la amargura de su orfandad.
Mi niña me dice que sí. Que el apellido de su padre es una costra salada y me permite lengüetear su carencia de vello. El raspaje es un verbo inútil para todo intento desafortunado. Por mi parte le digo que el miedo descansa al margen del lagrimal y que en sus entrañas el mundo estruja una odisea de silencios.
Sólo cuando viene a mí se enciende un agujero y ya ni el nombre ni el padre ni la textura son capaces de lubricar las pestañas de su improbable.
Estos meses para una plegaria
Mientras crece la maleza
sus habitantes observan por la ventana
sin decir ni escribir nada.
La técnica consiste
en querer decir
que la lluvia
la niebla
los espinos
Y sin embargo
quedar mirando
como quien saca una aguja
o enhebra un ojo
en mitad del paisaje.
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